4 de septiembre de 2014

La crisis griega en clave de ficción

Atenas
“No le deis más vueltas buscando explicaciones. La fatalidad es prima hermana de todos los griegos”, sentencia la esposa del comisario Kostas Jaritos en Pan, educación, libertad, la última novela de Petros Márkaris. Y luego agrega: “Hemos convivido con ella desde que tengo memoria. Cuando dejó de visitarnos durante algunos años, creímos que se había olvidado de nosotros. Y mira por dónde, ahora se ha vuelto a acordar”. Ahora es enero de 2014, Grecia ha regresado al dracma y las calles de Atenas se llenan de manifestantes tanto a favor como en contra. Como si algo de todo eso fuera poco, aparece asesinado un contratista y junto a él hay un teléfono móvil que emite el lema que los estudiantes de la Politécnica coreaban en 1973 contra la Dictadura de los Coroneles: “Pan, educación, libertad”. Jaritos, a quien le anuncian que le suspenderán el pago por tres meses debido a los recortes, sale otra vez a caminar Atenas, esa ciudad a la que este autor ha convertido en un personaje más.

Esta obra es la culminación de la “Trilogía de la Crisis” y es el punto de vista agudo y penetrante de un autor que ha sabido mostrarles a sus lectores una ciudad milenaria que en muchas ocasiones recuerda a Buenos Aires. Sin dejar de lado su mirada ácida e irónica de la realidad, Márkaris retrata la Grecia de la crisis, en donde surgen amenazas de partidos neonazis pero también en donde los jóvenes se han dado cuenta que las recetas económicas internacionales no serán las que salvarán al país. Una Grecia que tiene una relación muy cercana con un pasado al que todavía le quedan algunas cuentas por saldar y con otro que, desde la Acrópolis omnipresente en toda Atenas, le recuerda momentos de gloria. Cada uno de los personajes, cargados de diferentes matices y posturas ideológicas, funciona como un engranaje perfecto para brindar, también, una imagen vívida de la sociedad ateniense que muestra una diferencia palpable entre quienes ya han sufrido otras crisis económicas y quienes, por primera vez, se ven afectados. En medio de una reunión familiar Jaritos reflexiona para sí: “Comprendo la ansiedad de Katerina ante la transición del euro al dracma. También puedo comprender la serenidad de Adrianí y Sevastí. Piensan que las pasamos crudas con el dracma y que, sin embargo, sobrevivimos”. Dos generaciones que forman parte de ese mismo sistema y que confluyen en un presente reaccionando ante él de maneras muy diversas. 

Y como sucede en las otras novelas de este autor, detrás de todo está Atenas, tanto que si después de leerlo uno camina por esa ciudad tiene la constante sensación de estar dentro de uno de sus libros. Está Atenas con su tránsito caótico, sus bocinazos y sus eternos yacimientos arqueológicos. Está con su plaza Sintagma en donde la Guardia Nacional custodia la Tumba del Soldado Desconocido y en donde los atenienses se han reunido para protestar contra las medidas de ajuste. Está también con el edificio de la Politécnica, emblema de la lucha estudiantil durante la dictadura y con las callecitas de Plaka repletas de turistas, de historia y de postales hermosas.

Atenas


Pan, educación, libertad es una descripción cruda de la realidad griega en donde escasea el trabajo y los ancianos prefieren morir antes que convertirse en un gasto para una sociedad en quiebra, pero en donde también los jóvenes se han dado cuenta de su rol en el devenir. Es asimismo una crítica al fin de los idealismos y al poder por el poder en sí mismo, en donde casi no importa el camino recorrido para llegar, aunque luego alguien pueda venir a pasar factura. Zisis, un ex preso político y amigo de Jaritos, sintetiza: “La mayoría de los griegos lloran todavía por sus riquezas perdidas, que en realidad nunca existieron. Mientras sigan haciéndolo, no encontrarán la manera de luchar contra su pobreza”.

Pan, educación, libertad
Petros Márkaris
Tusquets Editores
Trad. Ersi Marina Samará Spiliotopulu
256 págs.


Esta reseña fue también publicada en El lobo estepario-Diario de Cultura