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6 de enero de 2018

Amélie Nothomb: Estupor y temblores

Personalmente, creo que Amélie Nothomb es fantástica, y desde ahí es que voy a contarles mi lectura de Estupor y temblores, una de las novelas más emblemáticas de la autora belga. 

Desde que la empecé a leer, Nothomb me maravilló por dos cosas en particular: su narrativa -ácida, sarcástica, de un humor cruel- y sus diálogos que oscilan entre lo desopilante y lo atroz. En esta historia (así como también en Ácido sulfúrico) se suma un componente más: una radiografía cruda de la sociedad, el sistema económico, los mandatos sociales; una fotografía atroz de lo que ocurre todos los días y que, inmersos en la vorágine de la sociedad -con sus correspondientes reglas, obligaciones y formas-, no somos capaces de ver. 

Por otro lado, está también el rol de la mujer en la sociedad nipona (situación que, con sus respectivas variantes, podría hacerse extensible a casi todos los países del mundo) y el permiso, quizá tácito, del suicidio como "un acto de gran honor". Nothomb afirma que "Japón es un país que sabe lo que significa volverse loco" y lo demuestra en esta novela breve que, con un fino manto de ironía, describe la vida de una mujer extranjera en una de las más grandes empresas de Tokio. 

Buena lectura para compaginar con Underground (Haruki Murakami) y, si están mirando Black Mirror, les advierto que el golpe seco y directo al estómago va a ser mil veces peor. 


Estupor y temblores
Amélie Nothomb
143 pág. 
Anagrama
Traducción: Sergi Pàmies

17 de diciembre de 2016

Mariana Enríquez: Las cosas que perdimos en el fuego

Mariana Enríquez tiene una capacidad que podría llamarse espeluznante. Y es que en pocas líneas, con oraciones cortas e incisivas, es capaz de convertir en terrorífica la más común de las situaciones. Su último libro de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego, es un compendio de historias que narran cómo lo cotidiano, lo de todos los días, puede convertirse en la peor de las pesadillas. Y es eso, justamente, lo que genera el horror y, al mismo tiempo, la necesidad de seguir leyendo, de conocer qué hay detrás de la puerta de la cotidianeidad. Eso sí, si la abrimos, no hay vuelta atrás.
La periodista Leila Guerriero definió a estos cuentos como “un jadeo de agua negra” y es quizá esa jota, con su sonido rasposo, como de serrucho, la que termine de darle a la descripción su sentido último. Cuerpos que aparecen, desaparecen, barrios que se convierten por la noche y que muestran cómo al lado, en el zaguán de nuestra casa o en la esquina del bar, está lo otro, lo que no sospechamos, lo que nos negamos a ver. 

Mención aparte merecen los personajes construidos por Enríquez, quien sale a la calle a buscarlos, a delinearlos con el objetivo, probablemente, de que luego seamos nosotros capaces de reconocerlos. Si te he visto, en este caso, sí me acuerdo. Y es más, aunque veamos en ellos a otro, al diferente, lo terrible sobreviene cuando nos vemos nosotros, cuando nos damos cuenta que tenemos adentro algo de cada uno de ellos.
Adentrarse en este mundo no es para cualquiera. Hay que saber soportar los gritos y la culpa, porque nosotros también estamos ahí metidos, generando todo eso que nos atormenta. Si pudiéramos con ello, faltaría todavía un poco más: cerrar el libro, apagar la luz y dormir sin sobresaltos.
Once historias que valen la pena. Once historias que mezclan el terror –ese que nos atrae, que nos impide dejar de leer– con la rutina, con eso que somos cuando salimos de las páginas de la historia. Si lo hubiera sabido antes, de todas maneras, no habría dejado de leerlo. 

26 de julio de 2014

Jean Echenoz: 14

En una novela muy breve Jean Echenoz relata la I Guerra Mundial a través de cinco soldados reclutados en Francia. Haciendo hincapié en las consecuencias que tuvo el conflicto en la vida cotidiana, el autor se limita a descripciones precisas y a contarle al lector cómo operaba el convencimiento de que la guerra duraría muy poco. Con un muy buen manejo de la tensión en 14 Echenoz analiza también al regreso a casa y cómo el pueblo recibió a los que se fueron a luchar. 

Jean Echenoz, nacido en Orange en 1947, es autor de numerosas novelas y ha sido galardonado en 1988 con el Premio Gutenberg  como "la mayor esperanza de las letras francesas".

Columna literaria en el programa Derecho de Autor del periodista Damian Toschi (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata. Sábados de 21 a 22)