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11 de abril de 2015

La Argentina en tren: General Pico-Once (Segunda parte)

¿Todavía no leíste la primera parte? Buscala en: La Argentina en tren: Once-General Pico

Cuando yo era chica acá no había prácticamente nada. Estaba sí el estacionamiento, generalmente usado por quienes todavía no tenían mucha habilidad para maniobrar en las calles angostas del centro, y también el edificio de estilo inglés, con la pintura descascarada y las puertas cerradas. Al costado del andén, algo que todavía no ha cambiado, el yuyal. Pero de movimiento, pasajeros y guardas, nada. 
Cuando yo era chica el tren que llegaba a General Pico, La Pampa, era solamente el de carga. Pasaba en horarios indeterminados, a mí me parecía que era larguísimo y como iba lento porque las vías atraviesan el pueblo prácticamente en el centro, siempre daba la sensación de ser eterno.
Me acuerdo de todo esto mientras hoy, 25 de enero de 2015,  hago la cola –corta, apenas dos personas– para comprar el boleto de tren hasta Once. Viajo esta vez con Rodrigo, mi pareja, y queremos ir en camarote, no solamente por la comodidad sino también porque nos genera esa sensación extraña de estar experimentando algo que solamente ocurría en las novelas. Conseguimos uno de los últimos y volvemos a casa contentos a terminar de armar el bolso y a esperar las dos horas que faltan para que el tren, que hace el recorrido General Pico-Once los domingos, parta de la estación a las 15.21. Ya compramos unas empanadas para la cena, cargamos la batería de la computadora para poder ver una película y terminamos de hornear la torta que queremos llevarnos para merendar pero que finalmente olvidaremos. 

Atardecer en General Pico. El tren queda en la estación desde el sábado al
mediodía hasta el domingo a la tarde. 

5 de febrero de 2015

La Argentina en tren: Once-General Pico (Primera parte)

Son las 19.30 del 9 de enero y en la estación de Once la sensación térmica roza los 40 grados. La zona desde donde salen el tren de larga distancia que va hasta General Pico está repleta y la gente aguarda abanicándose, mojándose el cabello o bebiendo agua. Muchos todavía no han sacado el pasaje –cuya venta comienza el lunes de la semana de partida– y hacen cola en la boletería. Yo no me arriesgué y vine el primer día a las nueve de la mañana; no conseguir significa esperar una semana para poder viajar. Desde donde estoy parada veo que habilitan la puerta que da al andén y que la gente se agolpa aunque cada uno tiene su asiento ya asignado. De todas maneras el apuro es entendible: arriba del tren hay aire acondicionado.

26 de enero de 2015

Alaturka: Un día de compras en el Gran Bazar

Odio ir de compras. Es así. Soy capaz de vivir años y años con el mismo pantalón con tal de no invertir una tarde en analizar precios, probarme diferentes modelos, dar vueltas por las tiendas. Sin embargo, desde que llegamos a Estambul con Rodrigo, mi pareja, estoy ansiosa por ir al Gran Bazar, así que hoy, después de tomar el desayuno, decidí que dejaríamos para mañana la caminata por la costa del mar de Mármara y que iríamos de compras y aprovecharíamos para elegir algunos regalos. Aunque tengo ganas de hacerlo me armo de paciencia y me pongo, a modo de señuelo psicológico, el objetivo de conseguir una pashmina para regalar y así ordenar una visita que, de otra manera, podría ser caótica.
Es temprano, así que terminamos tranquilos de tomar el café con leche, de comer tostadas con mermelada de rosas y salchichas con salsa de tomate y salimos caminando hacia el barrio de Beyazit.

Una de las entradas al Gran Bazar de Estambul

3 de octubre de 2014

Turquía: Entre ruinas grecorromanas y castillos de algodón

Dolmuş. En Turquía es quizá una de las palabras que los turistas aprenden primero para moverse en el interior del país. Dolmuş significa “lleno” y nombra a taxis compartidos que tienen un recorrido fijo. Para llegar a Selçuk, situado al oeste del país y a pocos kilómetros de la costa del Egeo, hay que tomarse uno y encontrarlo es nuestro desafío inicial en tierra turca. No hay mucha gente que hable inglés y la guía que llevamos con algunas frases no sirve de mucho si no entendemos lo que nos responden. A lo lejos se nota que somos turistas: llevamos a cuestas una valija que se rompió el mismo día que llegamos a Atenas casi dos semanas atrás y miramos todo buscando en los carteles alguna palabra que distingamos. Finalmente, ayudados de señas y de precios dichos con los dedos de la mano nos subimos, esperamos, con destino a Selçuk para visitar las ruinas de Éfeso.
Cigüeñas en Selçuk
Salimos de Buenos Aires a finales de abril con destino a Atenas y después de pasar por Creta y Santorini llegamos a Turquía donde pretendemos seguir el legado helénico hasta la conquista de los turcos cuya fecha emblemática es 1453 con la caída de Constantinopla. Sí, organizamos el viaje en forma histórica: primero los conquistados y después los conquistadores.


***
La calle principal de Selçuk se llama como casi todas las calles principales de Turquía: Atatürk. Llegamos sin saber dónde vamos a dormir y después de ver dos pensiones diferentes y que nos corran para ofrecernos mejor precio, nos decidimos por una que nos ofrece desayunar al aire libre en una galería que da a la calle. En el hall de entrada hay un sillón de dos cuerpos, una biblioteca en la que predominan los títulos en inglés y alemán y varios cuadros colgados de la pared: junto al mostrador de entrada, una pintura de Atatürk y sobre el sillón, un mapa de Turquía en donde aparecen representados los principales atractivos turísticos. La habitación tiene una cama matrimonial y un baño con ducha y calefón eléctrico; la ventana da a la calle y a la noche, sobre las diez, nos hará llegar el sonido del llamado a oración. También se escucha al amanecer, después del mediodía, a media tarde y luego de que cae el sol; es siempre igual y suena como una letanía, con un dejo de tristeza.

1 de mayo de 2012

El lugar en el mundo de Antonio Ortiz Echagüe


Apenas a 112 Km. de Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa, se encuentra el Museo Atelier Ortiz Echagüe, que ofrece la posibilidad de no sólo conocer la obra de este artista español sino también la estancia donde vivió durante la década del ’30.

  Antonio Ortiz Echagüe nació el 15 de octubre de 1883 en Guadalajara, España y al poco tiempo se mudó con su familia de origen alavés a Logroño, comenzando así lo que sería una vida trashumante que lo llevaría por Holanda, Marruecos, Argentina. Se estableció en este último tres años antes de desencadenarse la Guerra Civil Española y con el mandato de hacerse cargo de 20.000 hectáreas de campo ubicados en pleno caldenal pampeano que habían sido compradas por su suegro, cónsul holandés en Argentina, cuando éstas entraron en subasta pública luego de la Campaña al Desierto.


Estancia La Holanda



4 de marzo de 2012

Vestigios de la antigua Ginebra

A pocas cuadras del centro económico de una de las ciudades con más calidad de vida a nivel mundial es posible caminar en la historia y sentirse parte de ella.


  No se escuchan bocinas y cerca del Jet d’eau el único sonido que llega es el del agua a más de doscientos kilómetros por hora elevándose sobre el Lac Léman. Unos metros más adentro el Reloj Floral marca las dos de la tarde y a lo lejos las campanadas de la Catedral de Saint-Pierre, de la que sólo se alcanzan a ver las torres desde el Jardin Anglais, confirman la hora.
  Con 191.964 habitantes (según el balance a finales de 2011 del Office Cantonal de la Statistique) Ginebra es la segunda ciudad más grande de Suiza después de Zúrich y es también la capital del cantón homónimo. En una superficie de 15,9 km2 guarda una increíble ciudad antigua con historias que van desde los cristianos romanos y medievales hasta los secretos de la Reforma Luterana. Tiene también entre sus maravillas a la Ciudad Internacional, el Palacio de Naciones Unidas y el CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), el mayor centro de investigación nuclear en el mundo.


Catedral Saint Pierre