Ana Prieto
me mira desde la solapa de su libro: la foto es más o menos del tamaño de la
del documento pero tomada desde otro ángulo. Ana tiene el pelo corto y morocho.
Ana mira a la cámara (y, consecuentemente, me mira a mí) mientras esboza un
gesto que de continuar seguramente terminaría en una sonrisa. Ana escribió un
libro que se titula Pánico. Diez minutos con la muerte, un texto periodístico que me observa aún más que sus ojos oscuros.
Me enteré del libro a través de un tuit de la autora en el que
mencionaba cómo algunos medios tratan los trastornos de ansiedad. Me hizo acordar a esas
notas que de tanto en tanto salen en los llamados suplementos para la mujer y
que te invitan a salir a caminar, hacer yoga y respirar profundo para bajar los
niveles de estrés y que, como mínimo, nos deberían llamar la atención porque
casi siempre en la foto ilustrativa hay chicas, como si los hombres estuvieran
milagrosamente absueltos. Poco después me lo volví a cruzar en una gacetilla de
prensa de Editorial Marea y ahí pude ver una tapa negra con una imagen feroz de
Medusa: ojos casi desorbitados y la boca abierta como en un grito fosilizado.
Hoy lo fui
a buscar.
Ahora estoy
en el tren volviendo de Buenos Aires a La Plata. Llevo una mochila llena de
libros que me pesa horrores en la espalda y que dejo a un costado ni bien puedo
sentarme. Ahora es cuando abro el libro y Ana me mira desde la foto de la
solapa, ahora es cuando empiezo a leer la historia de su abuelo y la crónica sobre la guardia
de un hospital público de la Ciudad de Buenos Aires acompañando a una psicóloga mientras atiende a una joven con ataque de pánico. Además de entrevistas hay capítulos de contexto que rastrean la etimología de palabras como pánico,
fobia, peligro (que me quedará grabada porque viene del griego peiras
que significa prueba, tentativa pero también lanzarse a los mares y de ahí al
nombre Pireo del puerto de Atenas hay un paso). Otros capítulos hablan de antiguas
leyendas aztecas, de mitos griegos y de la historia de la medicina
y la psicología en torno a la ansiedad, los antidepresivos y la terapia y a medida que voy leyendo tengo la sensación de que la autora va tirando de la punta de un ovillo para finalmente desplegar un entramado complejo pero visible: la cueva de la bruja y la posibilidad de escape.
Entre
Buenos Aires y La Plata hay aproximadamente sesenta kilómetros y una hora y
veinte de viaje. Cuando llego tengo un libro levemente distinto al que se tomó
conmigo el tren en Constitución: no me resistí y le anoté los márgenes, le
pegué banderitas de colores en donde me surgieron preguntas y subrayé algunas
frases que me parecieron claras y contundentes, pero sobre todo, sinceras. Al ubicarlo en la biblioteca ya dejó de ser de Ana y pasó a ser un poco mío también. Empatía, que le llaman.
Pánico. Diez minutos con la muerte aborda
la temática desde el periodismo –a través de una investigación profunda, en
algunos casos autobiográfica– y lo expone desde la literatura –con una prosa
clara y muy descriptiva–. Es parte de la colección Ficciones Reales (dirigida por Cristian Alarcón) de Editorial Marea.