"Atención, aquí y ahora", gritan los pájaros parlantes de Aldous Huxley en su obra La Isla. Y aquí y ahora, aunque parezca una exhortación tan simple, implica muchas cosas, sobre todo algunas que no queremos o no estamos todavía preparados para ver.
Algo similar le sucede a Lucas, uno de los protagonistas de la última novela de Eduardo Sacheri, Ser feliz era esto, cuando una niña de 14 años que dice ser su hija toca el timbre de su casa. Todas las alarmas comienzan a sonar: algunas ponen el foco en lo que está haciendo de su vida, otras en cómo maneja sus relaciones y poco a poco el aquí y el ahora se imponen para mostrarle a este personaje que no basta con sobrevivir y seguir el camino como lo hace el agua del río, que va siempre por allí porque es lo más cómodo, lo que ya está marcado. Lucas, a la fuerza, se da cuenta que siempre es mejor elegir y que de tanto en tanto es necesario replantearse quiénes somos, qué estamos haciendo y por qué estamos allí.
Con una prosa desestructurada y sincera, digna de la niña de catorce años a través de la que conocemos la historia, Sacheri nos da un cimbronazo, nos muestra todo lo que conlleva el miedo, las indecisiones y cómo a veces necesitamos mirarnos en un espejo para darnos cuenta de aquello que tenemos que cambiar, y que claro, siempre, pero siempre, cuesta. Es así que Ser feliz era esto se convierte también en una novela sobre los pequeños grandes héroes, esos que libran una lucha diaria contra el mundo y sobre todo, contra ellos mismos.
Sofía, la hija de Lucas, la adolescente que se animó a subirse a un colectivo en Villa Gesell con destino a Morón sin saber siquiera con quién iba a encontrarse del otro lado nos mira por dentro, nos analiza y nos ayuda a ser conscientes de ese aquí y ese ahora, de esa inminente necesidad de decidir en todo momento quiénes somos y sobre todo, quiénes queremos ser.
