Recorrimos en tren los sesenta kilómetros entre La Plata y Buenos Aires para ir al acto por los 31 años de democracia. A mitad de camino, se cayó el cielo.
–¿Querés
que nos quedemos? –le pregunto a Rodrigo mientras esperamos en la estación de
La Plata para viajar hasta Constitución.
El cielo
está negro. El pronóstico dice que habrá algunos chaparrones aislados pero el
acto en Plaza de Mayo por los 31 años de democracia no se suspendió.
–Ya sacamos
el pasaje, vayamos igual y vemos qué pasa.
El cielo
está cada vez más negro. El clima está húmedo y pesado y corre el típico viento
de tormenta. Nos ubicamos en el tren y atrás nuestro se sienta una pareja joven
que por lo que hablan deduzco que también van a la plaza. Tienen teléfono con
Internet (cosa que nosotros no), por lo que de tanto en tanto escucho qué dicen
por si se enteran de alguna novedad. Rodrigo se pone a leer una revista que
descubrió hace poco sobre trenes y yo saco de la mochila La caída de los gigantes
de Ken Follet. Al ratito tengo que cerrar la ventanilla porque empezaron a caer
algunas gotas.
–Si llueve
un poco ahora quizá cuando llegamos a Buenos Aires ya aclara –dice Rodrigo
mientras mira para afuera donde se ve un cielo muy oscuro y allá a lo lejos
unos manchones color celeste.
No tarda
mucho en comenzar a llover con fuerza. Tengo puesta una musculosa y cuando
empiezo a tener frío agradezco haberme traído un abrigo. En la mochila también
llevamos un litro y medio de agua y la cámara de fotos.
Nos
detenemos en Quilmes. Como siempre voy leyendo me cuesta distinguir las
estaciones pero al estar el tren parado hace unos minutos tengo tiempo de
buscar el cartel para ver dónde estamos mientras se escucha el golpeteo rítmico
de las gotas de lluvia. Empiezo a sospechar que si en la Ciudad de Buenos Aires
el clima está igual la gente debe estar yéndose y los músicos deben estar
levantando todo. Y en eso los chicos de
atrás que dicen que se suspendió el acto.
–Vamos
igual. Si cuando llegamos a Buenos Aires paró, vamos igual –le digo a Rodrigo.
Arrancamos
otra vez. Cuando estamos llegando a Bernal empiezo a escuchar murmullos y veo
que la gente se apelotona en las ventanillas. Miro por la mía: afuera hay
nieve.
El tren
avanza despacio y se puede ver esto: casas de dos pisos con ladrillo a la
vista, una avenida húmeda que refleja las luces y autos que disminuyen la
velocidad. Y la nieve, claro. Alguien dice que parece una postal navideña
yankee y si no fuera que estamos en el conurbano y que la nieve no es más que
cantidades industriales de granizo pequeño acumulado en las esquinas y en el
bulevar, esa descripción sería verosímil. Por algunos comentarios nos enteramos
que el tren anterior estuvo media hora detenido por la intensa caída de granizo
y a medida que seguimos avanzando hacia Constitución confirmamos que la caída
de agua también fue mucha y en muy poco tiempo porque las calles están anegadas
y el agua alcanza el nivel del cordón. En una estación de servicio al menos diez
autos se amontonan en la playa de estacionamiento y un poco más adelante veo a
una señora intentando cruzar la bocacalle con el agua en las pantorrillas. Mañana
el diario El Sol de Quilmes dirá que la cantidad de piedra caída
entorpeció los desagües. Lógico: esa misma cantidad parecía ser una espesa y
profunda capa de nieve y según los datos meteorológicos cayeron 70 milímetros
en menos de una hora.
En
Constitución ya no llueve pero los techos todavía están desagotando y sobre las
vías cae un chorro de agua potente y frío. Salimos caminando de la estación y
cuando tomamos la 9 de Julio comenzamos a cruzarnos con militantes todos
mojados. Algunos llevan banderas, otros tienen remeras de distintas
agrupaciones como La Cámpora o Unidos y Organizados. La mayoría camina en
dirección contraria a la nuestra, lo que nos afianza aún más la idea de que la
plaza se está desagotando. No nos importa: nosotros queremos llegar,
participar, así que seguimos.
Plaza de
Mayo. Seis y media de la tarde. Todavía hay gente pero se puede caminar sin
chocarse a todo el mundo. Antes de ver los puestos ya se siente el olor de las
hamburguesas, cuyos cocineros luego de la interrupción por la lluvia, volvieron
a prender el fuego, y en la calle hay de todo: botellas, papeles, paquetes de
cigarrillos. A la vuelta, también encuentro dos pesos. En la esquina del Cabildo está la carpa de Radio
Nacional y afuera, saludando a dos señoras canosas y de baja estatura, están
Cynthia Ottaviano, Defensora del Público, y su marido Roberto Caballero,
periodista y conductor de Mañana es hoy por dicha radio. Delante de la
Casa Rosada todavía está el escenario y hay algunos instrumentos tapados con
bolsas de nylon negras. La gente mira a ver si están sacando las cosas o
volviéndolas a poner porque ahora parece que no va a llover más. Sin embargo,
comienza a circular el rumor de que Cristina Fernández hablará desde el Salón de las Mujeres Argentinas y una columna de hombres y mujeres se dirige a paso apresurado
hacia las entradas para asegurarse un lugar. Hay muchos jóvenes, pero también hay
gente grande y familias con bebés –cochecito incluido–. Una pareja de alrededor de sesenta años camina despacio en
dirección a la Pirámide de Mayo, como esperando a ver qué sucede; en la mano la
mujer lleva un paraguas. No es la única, pero llovió tanto y con tanto viento
que no sé cuánto habrá servido tener uno.
Sobre
Diagonal Sur se aleja una columna de militantes que según su remera son
mendocinos. También vimos a otro grupo de San Juan y pienso en la bronca por la
lluvia, por el clima que no permitió que el acto se desarrollase con normalidad
después de un viaje tan largo. En un costado de la misma calle está estacionado
el camión transmisor de la TV Pública junto a un hombre de unos cuarenta años
que habla por teléfono dando órdenes: se necesitan más cámaras en estudio, hay
que trasmitir la Cadena Nacional, Cristina hablará desde adentro.
Mucha gente
espera: algunos hablan entre ellos. Otros cantan y se escucha la Marcha
Peronista y también los cantitos de la JP. Hay vendedores ambulantes de
bebidas, pastafrola, hamburguesas, pines que tienen desde el rostro de Cristina
hasta el dibujo de un buitre cruzado por una franja roja. La bandera argentina
frente a la casa de gobierno flamea y la gente comienza a acercarse nuevamente.
Tengo la sospecha de que si el clima se mantiene así Cristina saldrá a saludar
una vez terminado el discurso, pero será tarde y nosotros tenemos que regresar.
La imagen que nos llevamos es que la plaza se está volviendo a colmar.
Nos tomamos
el tren. Ya no se ven zonas anegadas pero sí todavía hay granizo. También hace
frío y cuando una vez en la capital bonaerense caminamos las casi veinticinco cuadras de regreso me abrazo a
Rodrigo y me quejo de las medias húmedas. Al llegar nos enteraremos que
mientras recorríamos el camino de vuelta a La Plata Cristina finalmente había
salido a saludar y que la plaza se había llenado otra vez. Nos lo perdimos, sin
embargo estamos contentos porque fuimos a celebrar que hace 31 años que el
pueblo argentino decidió, día a día, construir y fortalecer esta democracia.

