Pensada
a modo de epílogo, la última novela de Petros Márkaris cierra la Trilogía de la
Crisis con una reflexión acerca de cómo los errores de la gente de a pie pueden
ser, a veces, la gota que rebalsa el vaso.
Cuando el
comisario Kostas Jaritos se da cuenta de que todas las pistas que sigue durante
la investigación de una serie de asesinatos lo conducen a hechos ocurridos
durante los años ’50 no se asombra y, por el contrario, concluye: “Ahora, con
la crisis, emergen las cuentas pendientes”. Y es que si bien Hasta aquí
hemos llegado, la última novela del autor de origen griego Petros Márkaris,
está situada en la Atenas más actual –la de la crisis económica, las disputas
con la Troika, las diferencias con la Unión Europea– las heridas aún no curadas
de ese pasado reciente –y no tanto– salen a la luz cuando el contexto general
se derrumba.
Las cosas
para Jaritos no comienzan bien: su olfato le dice que detrás del suicidio de un
empresario alemán de origen griego hay algo más, y a Katerina, su hija, dos
miembros del partido neonazi Amanecer Dorado la golpean brutalmente a la salida
de los juzgados. El primer suceso es reivindicado por un grupo desconocido
hasta el momento, los Griegos de los años cincuenta, y es allí
cuando los crímenes comienzan a entrelazarse con la historia del país heleno.
Narrada a
modo de epílogo de la llamada Trilogía de la Crisis (conformada por los títulos
Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan,
educación, libertad)
esta novela completa la radiografía detallada y precisa de la situación
económica en Grecia haciendo hincapié en cómo algunos errores de la gente común
son, en muchas situaciones, la gota que rebalsa el vaso. Asimismo, y siguiendo
las reglas de la autocrítica, Márkaris, que se define como un hombre de
izquierda, no pierde tampoco la oportunidad de revisar las actitudes del
Partido Comunista durante la segunda mitad del siglo XX y utiliza, para ello, a
Zisis, un ex preso político comunista que, a modo de síntesis de algunas
heridas todavía abiertas en la sociedad griega, es amigo de Jaritos, un policía
pequeñoburgués.
Sin dejar
de lado su estilo habitual, el autor pone a Atenas en un rol protagonista: como
telón de fondo de una historia policial pero también como una ciudad que
siente, que vibra al ritmo de las sociedades del sur, con sus valores, sus
ideologías y sus creencias. Una Atenas en la que hay cada vez menos autos, en
la que la extrema derecha ha resurgido de entre las cenizas y en la que los
índices de desempleo se han disparado a velocidades casi inalcanzables. Pero
también está Jaritos, con sus reflexiones agudas y su humor cínico; su familia,
a la que de a poco a lo largo de la serie se le han sumado integrantes tanto a
través del matrimonio como de la amistad y el vínculo tirante, pero a la vez
balsámico, con Zisis.
Petros
Márkaris, quien ya ha anunciado que no escribirá más sobre la crisis económica,
no sólo analiza durante la trilogía las tres patas que considera fundamentales
a la hora de pensar la situación griega –los bancos, la evasión fiscal y la
clase política– sino que también con este epílogo le deja al lector algunas
preguntas sobre sus actitudes, sobre su forma de ver la realidad y de actuar en
consecuencia. Una historia que refleja la mercantilización de la educación –y
de la vida en general–, el deterioro lento pero continuo que provoca la
corrupción y el dolor del desarraigo, no sólo por la nostalgia de la tierra
sino también por la falta, oscura y agobiante, de un lugar en el cual sentirse
en casa.
Hasta aquí hemos llegado
Petros Márkaris
Tusquets Editores
Trad. Ersi Marina Samará Spiliotopulu
