18 de abril de 2015

Rose, o la historia del siglo XX

A Franz–Olivier Giesbert le basta el prólogo de su última novela, La cocinera de Himmler, para mostrar que se está ante una protagonista singular: Rose, por el momento de nacionalidad desconocida, cocinera, más de cien años, en contra de la pena de muerte cuando no es ella quien la aplica y dueña de una Glock 17 calibre 9 mm que lleva siempre en la cartera. Cuando en 2012 se acerca la fecha de su cumpleaños número 105 decide escribir sus memorias y es así que la historia se convierte casi en un ejercicio de mirada introspectiva y retrospectiva en el que Rose no sólo analiza su vida sino que la desnuda a tal punto de confesar, sin prurito alguno, situaciones que en el presente la avergüenzan, y mucho. 
Ocho años después de su nacimiento en Trebisonda, a orillas del Mar Negro, sufre el primero de los muchos golpes que la vida –y el siglo XX– le tienen preparados: el genocidio armenio. A partir de allí se cruzará con los horrores del nazismo, con la crudeza del stalinismo, con los primeros años del maoísmo, con la pérdida y la necesidad imperiosa de huir de algunos lugares. A estas situaciones las combatirá haciendo justicia por mano propia y se mantendrá viva por su deseo de venganza y su capacidad de analizar el mundo desde una perspectiva contraria al pensamiento generalizado. De esta manera, sus opiniones sobre la libertad, las tentaciones, la inteligencia, el amor –ese que según relatan los cuentos de hadas es siempre perfecto y eterno–, van a contramano de lo románticamente establecido pero a favor, quizá, de una existencia más tranquila. En La cocinera de Himmler Giesbert recurre también al humor y al cinismo pero de una manera particular, involucrando a quien lee y generando no sólo una sonrisa sino también una empatía casi inmediata. Y es que a pesar de las opiniones políticamente incorrectas con las que viste a su personaje, el autor apela a que en algunas ocasiones –si no en todas–, el lector estará de acuerdo con ellas aunque, a viva voz, no pueda –o quiera– confesarlo. Y es allí que surge la risa –como una especie de válvula de escape a una historia signada por la crudeza– y la comprensión de esta mujer que ha formado una coraza tras la cual ha sobrevivido. “No hay nada más estúpido que la gente inteligente”, afirma en relación a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, “Basta con alabar su ego para manipularlos a voluntad”.
Como si fuera un hilo fino que por momentos pareciera cortarse la historia de Rose hilvana los acontecimientos del siglo, narra lo macro desde lo micro y pinta, con una mirada cínica e irónica, qué fue y qué dejo ese momento histórico que Enrique Santos Discépolo llamó Cambalache. 

La cocinera de Himmler
Franz–Olivier Giesbert
Alfaguara
Trad. Juan Carlos Durán Romero
335 págs.  

Esta reseña fue también publicada en El Lobo Estepario-Diario de Cultura