3 de octubre de 2009

Julio Cortázar: Cambio de luces



Cuántas veces pasa de imaginar algo y una vez frente a ello, ver que es totalmente diferente. Se genera una sensación de querer cambiarlo, o por qué no, de cierta angustia al ver que lo pensado no es como se creía. Y fue eso justamente lo que les pasó a los personajes de “Cambio de luces”, que, incluido en el libro de cuentos “Alguien que anda por ahí” (1977) refleja, de una forma obstinada quizá, lo que se siente cuando, proveniente de la imaginación, el contacto con la realidad decepciona.

Cada uno tenía del otro una imagen ya formada, él alto y con el pelo crespo, ella castaña y sentada en un sillón de mimbre en una galería con luz tenue. Sin embargo, al momento de conocerse, se podría decir que se desconocieron. Ni él tenía el pelo crespo, ni ella era castaña; su casa tampoco tenía una galería y por lo tanto, la luz tenue proveniente de la claraboya también pasaba a ser parte del imaginario. Y era como conocer a otra persona, era la imposibilidad de encontrar en el cuerpo del otro lo que sus palabras habían logrado esbozar, el aspecto exterior que ellas habían creado “(…) casi al final me dijo que me había imaginado más alto, con pelo crespo y ojos grises (…)”.

Sin embargo, Cortázar no creó de esa situación un obstáculo. Sí lo hizo un hilo conductor a lo largo de la historia que movió a los personajes no sólo a cambiar el color original de su cabello, sino también a llevar adelanto ciertos caprichos que intentaban reproducir esa primera impresión, esa imagen fruto de la mente que seguía, quizá sin saberlo, interrumpiendo la cotidianidad. Era como limitarse a buscar lo creado por uno mismo, enamorarse de algo que uno había elaborado, e intentar que la persona a su lado reprodujera esa fantasía.

Pero todos los cambios producen una consecuencia, toda acción tiene su reacción, y la de esta vida creada a imagen y semejanza de un imaginario también la tuvo, positiva o negativa, eso será tarea del lector, o porqué no, de los mismos protagonistas que, a lo largo de la historia fueron creando su propio mundo, lástima que no lograron hacerlo de otra forma más que separados.


*Publicado en el suplemento cultural “La Galera” del diario La Reforma (General Pico, La Pampa). Domingo 16 de septiembre de 2007.